
He dejado huellas en los recuerdos,
y efímeros versos de punzantes tristezas,
he anulado los llantos y asperezas,
que deja el olvido en su afán de grandeza.
He amado a las sombras de tus placeres,
y dibujado girasoles sobre tus senos,
he descubierto formas de mujeres,
que se inquietan al sentir mi desconsuelo.
He sentido el azar entre mis manos,
y su infinita forma de querer jugar,
y un amor que se ha ido de las manos,
marcha hasta las olas sin poder amar.
He lloviznado besos entre atardeceres,
y escrito versos impregnados de sed,
he visto caer mis ojos sobre aquellas mujeres,
que solo recuerdan mi amor por usted.
He soñado dormir entre las copas,
de distintas viajeras, bohemias, y demás,
y concentrar mi piel sobre las rocas,
de esas aventuras que ya no serán.
Desde mi pena baldía,
ya las páginas del viento se oscurecen,
y la noche ya no queda más que para fornicar,
entre unas horas tan mustias,
que aquejan mi pecho,
y sin embargo estos rastros,
que he querido trazar,
se van borrando del pasto,
y de un cutre bulevar,
donde solo por amar,
con mi condena me basto.
Saludo a la soledad
y su gran supremacía,
eres tu la compañía,
que me besa en la ciudad.
Saludo a esta ausencia,
que desborda mi entusiasmo,
y a mi sincera paciencia,
de saberes y de espasmos.
Andaré sin decir nada,
encadenado a mis versos,
descubriendo lo diverso,
de esta ciudad encajonada.